Cuando nuestras relaciones nos enferman I. Hijos


Imagen Liv Bruce on Unsplash

Los hijos, aunque se dice que son fuente de satisfacción son, también, una fuente de preocupación para los padres, e incluso de fuertes disgustos, sorprendiéndonos a veces con cosas que jamás hubiéramos podido imaginar.

Especialmente, en determinadas etapas a los padres se les hace más que difícil mantener interacciones con los hijos que no conlleven conflictos y que se alargan en el tiempo aumentando una distancia emocional y física, que parece imposible salvar. En consecuencia, ante una situación difícil y emocionalmente tan intensa, no es extraño que los padres sufran un daño emocional y acudan a consulta por trastornos de ansiedad y/o depresivos, en relación por los comportamientos de sus hijos y de la relación que mantienen con ellos.

Alguna información y recomendaciones pueden ayudarnos a manejar estas situaciones. Si bien, dada la complejidad y la idiosincrasia de las personas y las relaciones, no hay consejos o recomendaciones que sirvan para todos, quizá te aporte nuevas formas de enfrentarlos.

Darles libertad en las decisiones y acciones permitiendo que reciban los efectos de las consecuencias de esta libertad, le hará crecer y evolucionar tal como ellos son, no como nosotros lo hemos hecho. Observar que nuestros hijos, son nuestros hijos, pero no son nosotros. No tendrán nuestros problemas, no aprenderán de nuestros errores, por mucho que nos empeñemos, no, no lo harán. Nuestros hijos, no son nosotros, puede que se parezcan a nosotros, por la carga genética tienen características similares, pero, aunque se parezcan, la combinación genética ya desde que nacen les hace personas únicas y diferentes a sus padres, sus padres son diferentes a los padres de sus padres, su entorno físico y social es diferente, sus experiencias son diferentes… Genéticamente parecidos o no (como es el caso niños adoptados). Nuestros hijos son personas únicas. Y desde esta perspectiva, nuestros hijos son los que más acertados estarán en decidir lo mejor para ellos, aunque se equivoquen, y para nosotros sea más que evidente que no lo es.

Dentro del marco de la libertad, establecer límites basados en valores, no en razones, con claras consecuencias aplicables de forma contingente y firme cuando estos límites se mantienen y se rebasan, aunque esto muchas veces resulte doloroso.

Uno de los asuntos complejos y por definir se encuentra en donde poner los límites de esta libertad, y como establecerlos.

Sobre la base donde se establecen los límites, un par de ejemplos pueden aclarar este punto; Un ejemplo de límite basado en valores sería “Para estar más tranquilo” y, un ejemplo de un límite basado en razones sería: “Porque soy tu padre”

Una aceptación/amor incondicional. Trasmitir que estas y le quieres, y que seguirá siendo valioso, aunque se equivoque. Esto es acompañar en sus alegrías, en sus penas, en sus éxitos, y en sus fracasos. Acompañar; NO es hacer de escudo para evitarle los “golpes” de su libertad.

Hacer más, que decir. Tantas explicaciones no son útiles, a veces no nos escuchan y otras, no nos entienden. Los padres somos un modelo para nuestros hijos. Desde su infancia les identificamos, les identifican y se identifican con nosotros (es como su padre, es como yo…).  Y aprenden de lo que hacemos, más que de lo que decimos. Están constantemente observándonos. Importante, y no menos difícil, en este punto es mantener cierta coherencia, entre lo que decimos, lo que hacemos y lo que pedimos. Por ejemplo, si le dices, no tienes que fumar porque es malo, (y tú eres fumador) es previsible poca eficacia.

Soy consciente de que cada una de estas recomendaciones requiere más desarrollo, de la complejidad de la aplicación y de las dificultades de su puesta en practica, pero también de que te pueden ser útiles como guía.

Al fin y al cabo, los padres no siempre hacen lo que se espera de ellos, ni los hijos tampoco (lo observo como madre y como hija), y algunas circunstancias tienen importantes consecuencias emocionales en las que se hace más que recomendable acudir a un psicólogo como una opción que no solo te ayudara a recuperar un estado emocional saludable, sino que además te ayudará a adquirir nuevas estrategias que te permitan resolver ese conflicto con los mayores beneficios para todos.

Psicóloga Carmen Martín        Testimonios           La consulta

 

 

 

 

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