Cuando nuestras relaciones nos enferman II. Aprender a amarte.

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Retomo mi actividad en el blog escribiéndoos sobre el amor, el amor que aplica a cualquier tipo de relaciones, padres, hijos, hermanos, pareja, amigos. Y es que hay relaciones en las que uno perdona lo imperdonable, aguanta lo inaguantable, acepta lo inaceptable y lo peor de todo justifica lo injustificable. En cada perdón, en cada esfuerzo por hacer algo más porque esa relación funcione, para que esa persona cambie, hay una gota de esperanza, una batalla interna entre amarse así misma y amar al otro, en la que siempre gana el amar al otro. Pero cada batalla le destruye un poco, quedando cada vez más aislado, devastado y extenuado por el esfuerzo constante. En este punto esta persona necesita amarse. 

Algunas personas continuaran en estas batallas durante toda su vida por la culpa, la vergüenza, el miedo, por salvar, ayudar, proteger a otros, o por la idea de que no merecen ser amadas, y mucho menos amarse. Otras no son conscientes de que mantienen esas batallas, pero sufren síntomas de ansiedad, depresivos crónicos, así como manifestaciones somáticas de los daños producidos por las batallas. Otras están decididas a salir de estas las batallas pero no saben como hacerlo, ya que esta suele ser una de las decisiones más difíciles y con mayores consecuencias personales en la vida de una persona. Otras dejaran de amar por evitar los daños de estas batallas, otras tomarán la decisión más difícil de la que se llevaran todo el amor que tienen, y aprenderán la lección más importante; Amarse implica no amar a personas que no te permiten amarlas sin dejar de amarte.

Aprende a concerté, aceptarte, respetarte y amarte, tanto como amas y respetas a otros, dejando por fin atrás esas batallas que no te corresponde luchar.

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